lunes, mayo 15, 2006

Un día sin inmigrantes

Un día sin inmigrantes

Si de pronto desaparecieran todos los compatriotas de EU, como en Un día sin mexicanos, la cosa se pondría más candente que en la ficción de la pantalla grande.
Algunos, como María Elena Bello, hacen los preparativos para la marcha.



28-Abril-06


Adentro del restaurante El Pollo Loco la vida sigue igual. Los mexicanos trabajan sin cesar sirviendo platos con aves rostizadas acompañadas por ensalada de col, elotes o arroz oriental. Ahí, media docena de trabajadores de rostro ajado por el sol y la tierra comen en silencio. No saben gran cosa de lo que pasará el 1 de Mayo en Los Ángeles (la ciudad que desde hace años les ha servido de hogar) ni les interesa demasiado entenderlo. Dicen que tratarán de no comprar nada hecho en Estados Unidos ese día, pero no pueden faltar al trabajo, pues corren el riesgo de ser despedidos.

Esta historia se repite en varias ocasiones, a pesar de que los noticiarios en español, que se transmiten a diversas horas del día, dedican un largo rato a hablar sobre el tema, sobre quién está a favor y quién en contra del boicot que promueven diversas coaliciones pro derechos de los inmigrantes, que consiste en no acudir al trabajo, a la escuela, a las tiendas ese día que debería ser del trabajo, como lo es a escala internacional, pero que en Estados Unidos no lo es.

“Ahora tal vez se convierta, en este lado del charco, en el Día del Inmigrante”, asegura Sergio Arau, músico, cineasta, pintor que dirigió y presentó en 2004 la película Un día sin mexicanos, la cual ha servido de inspiración a quienes comenzaron a organizarse contra el proyecto Sensenbrenner o HR4437, que aprueba que la estancia ilegal sea un delito grave tanto de parte de los inmigrantes como de aquellos que los empleen. Asunto grave si tomamos en cuenta que en todo Estados Unidos hay aproximadamente once millones de indocumentados.

Si, como en la película del guitarrista de Botellita de Jerez, de pronto desaparecieran todos los compatriotas (y de paso se llevaran a los inmigrantes de otras nacionalidades), la cosa se pondría incluso más candente que en la ficción llevada a la pantalla grande.

Sin embargo, algunas asociaciones, periodistas y políticos están en contra de que se cumpla el llamado “complot latino”. Álvaro Huerta, representante de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes (CHIRLA), afirma que la liga no participará en este acto, pues cree que los trabajadores corren muchos riesgos al dejar su trabajo.

El no estar a favor del boicot (“tampoco estamos en contra ni lo censuramos”, dice Álvaro) hizo que organizaran una gran marcha programada para las cuatro de la tarde del 1° de Mayo, saliendo del parque McArthur, que en un día cualquiera luce apacible, lleno de hispanos tirados en el piso, durmiendo, charlando, comiendo. Algunos, dicen las malas lenguas, vendiendo drogas en un sitio al que pocos estadunidenses güeritos y de ojos azules entran.

La cosa, en esta ciudad de los sueños, es que muchísimas personas hablan español. Es, visualmente, una extensión de México: los mismos rostros, morenos y regordetes; la misma manera de caminar, de reunirse en tribus urbanas, de reír a carcajadas, “de andar con la troca de llantas altas y el sonido de la tambora a todo volumen”, como comenta Gabriel, oriundo de Ensenada que llegó aquí para estudiar música.

A los otros, los que apenas tienen dinero para pagar al pollero que los trasladará a esta enorme urbe, que en México ganaban 700 pesos al mes y aquí ganarán 250 dólares, que caminan con lentitud, cansados de las arduas jornadas, sí les queda la opción de manifestarse, pero pocos saben de qué se trata la reforma migratoria, qué es lo que se le pide al Senado, cuáles palabras ha expresado George Bush. Pero, aunque no lo sepan, cuando menos irán a la marcha. Lo sienten como un deber, como una acción de poner en alto su origen. Lo importante es, como comenta William, encargado de un motel en Sunset Boulevard, “tener presencia, que los políticos se enteren que no estamos robando, que no estamos de holgazanes, que lo único que queremos es tener un mejor trabajo, una situación más buena que la que vivíamos en nuestros países de origen, pero yo iré porque me siento orgulloso de mi origen guatemalteco”.

A diferencia de la gente de CHIRLA, Nativo López, director de Hermandad Mexicana Nacional y de la Mexican Americal Political Association (MAPA), piensa que es necesario hacer el boicot. Dice que la gente “ya no tiene miedo de protestar”. Pero, aunque pareciera que estar en desacuerdo separaría a las coaliciones, sus integrantes afirman que cada una de ellas siguen trabajando por su lado pero con respeto, que no les hace falta un líder que los organice. “Estamos mejor así. La gente espera que tengamos nuestro Martin Luther King, pero pienso que no es necesario”, dice Álvaro Huerta, aunque de pronto sí se antoja ubicar un rostro, una voz que exprese los ideales.

“Yo no lo soy”, dice entre risas Sergio Arau, luego de aceptar que los medios y los grupos lo han visto como gurú después de lanzar, con fanfarrias pero confusión (tras ver los espectaculares en Estados Unidos, algunos inmigrantes pensaban que era una amenaza hacia ellos y no una película), Un día sin mexicanos. “Yo soy charrocanrolero, soy cineasta y la idea de lo que pasaría sin la fuerza latina no es nueva, no se me ocurrió a mí, es simplemente algo que la gente pensaba, pero nadie había plasmado”, afirma.

Así las cosas. Mientras llega el lunes (1° de Mayo), la ciudad sigue con su bullicio de siempre, las luces de Hollywood, las esperanzas pintadas en las fachadas de algunas casas, la tranquilidad de la playa en Venice. “No sé por qué la gente se empeña en venir a Los Ángeles, si es una ciudad enorme con las mismas cosas, con sitios semejantes”, comenta Christian, hijo de padre español y madre hondureña. Sí, es difícil ubicar de dónde viene esa fuerza de imán que tiene la metrópoli. Pero aquí están millones de inmigrantes que se unirán a las acciones del 1° de Mayo aunque sea únicamente para continuar soñando. Creyendo en el paraíso del sueño americano.

Verónica Maza Bustamante. Los Ángeles

http://www.milenio.com/mexico/milenio/nota.asp?id=76528

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